Seleccionar página

Escape del apocalipsis para súper ricos

Rafael Bautista Mena

La Si CiEscape del Apocalipsis para súper ricos

4 de septiembre, 2022

Esta mañana temprano abrí la edición en línea de The Guardian. Con ojo rápido barrí todo el contenido, desde los últimos episodios en Ucrania (hace veinte años era Afganistán, que sonaba más remoto y mucho menos ominoso), el predecible rom-com político inglés, hasta el amasijo de columnas de opinión y de temas “personales” –sexual healing parece de las más concurridas. Sólo una pieza, escrita por el conocido autor Douglas Rushkoff, llamó poderosamente mi atención. En español traduciría algo así como “Los ‘anticipadores’ súper ricos que planean salvarse del apocalipsis” (The super-rich ‘preppers’ planning to save themselves from the apocalypse). El artículo es una sinopsis del libro Survival of the Richest, del mismo autor. En ese artículo Rushkoff relata su encuentro secreto con un pequeño grupo de esos súper ricos. El relato contiene elementos que parecen más propios de ciencia ficción, de extraordinario interés, aunque, para mí, con efectos un tanto espeluznantes.

Es curiosa la relativa coincidencia con la cual varios de los mega-magnates del mundo occidental realizan acciones con las cuales buscan prolongar sus vidas bajo condiciones de confort que ellos (son todos hombres, hasta donde se sabe) consideren “dignas”. Más allá del instinto básico de buscar un refugio seguro, algunos de ellos tratan de materializar fantasías que han acompañado a la humanidad desde siempre. Tanto Jeff Bezos, fundador y dueño de Amazon, como Peter Thiel, cofundador de PayPal, y en la actualidad dueño de Palantir, una compañía de software para control corporativo, financia un proyecto para revertir el proceso de envejecimiento humano.[1] Elon Musk, dueño de Tesla, trabaja para desarrollar una colonia marciana. Los genios del desarrollo de inteligencia artificial Samuel Altman y Ray Kurzweil buscan “transferir” (upload) sus mentes a un súper computador. Todos estos impulsos, que se podrían pensar como extravagantes, tienen en común la búsqueda de un escape a las limitaciones que impone la condición humana. Los mortales más comunes que han notado estas tendencias suelen reaccionar con sentimientos que van desde la ira hasta la burla.

Por fuera de esos proyectos de pretensiones sobrehumanas, lo que parecen tener en común estos súper ricos es el instinto básico ya mencionado del refugio más seguro. Según un artículo de agosto del año pasado en Deutsche Welle (DW), Nueva Zelanda fue escogida por investigadores de la Universidad Anglia Ruskin en Gran Bretaña como el mejor sitio para sobrevivir un “colapso social global”. Aunque no se hayan enterado de este concepto académico, varios de los más conocidos mil millonarios, especialmente los que hicieron su fortuna en negocios como los de Silicon Valley, han concluido lo mismo y consecuentemente han dirigido su atención, y también sus pasos, hacia ese archipiélago en años recientes.

El mismo artículo de DW cuenta que, hace ya algún tiempo, se supo que Larry Page, cofundador de Google, había adquirido la ciudadanía neozelandesa, mediante una regla por la cual él debe invertir allí al menos 10 millones de dólares en un período de tres años. Reid Hoffman, cofundador de LinkedIn, comentó a la revista The New Yorker que él creía que más del 50% de los mil millonarios de Silicon Valley  habían adquirido algún tipo de «seguro apocalíptico». Las modalidades varían desde comprar islas y apertrecharlas con insumos y armas, hasta la construcción de fortificaciones subterráneas in situ. En la actualidad, existen compañías especializadas en el diseño y construcción de esos refugios, las cuales ofrecen una variedad de configuraciones que se acomodan a un amplio rango de presupuestos.

 Por fuera de las peculiares preocupaciones de los súper ricos de Silicon Valley ¿Cuáles serían esos indicios de que podría haber calamidades de alcance global dentro de un plazo, digamos, antes del 2050? Si viene al caso ¿Qué forma podrían tener esos problemas? La exploración de estas preguntas será objeto de entradas futuras.

 

[1] Este programa, acarreado en ratones por D. Sinclair en la Harvard Medical School, parece haber logrado algunos resultados interesantes.

0 comentarios

Enviar un comentario