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Presente y Futuro

Rafael Bautista Mena

¿Qué es el presente sin el Futuro?

Esta publicación se dedica a examinar de cerca algunos de los efectos que los desarrollos en el mundo de la ciencia y la tecnología pueden tener sobre la vida – individual y colectiva – de los seres humanos, dada la necesaria convivencia de la especie humana con todo el entramado de la biosfera. Por supuesto, esa pretensión me llevará, en últimas, a involucrar en mis entradas todo lo que acontece –y adolece– a la condición humana. En vista de ese riesgo de dispersión, veo necesario ofrecer un punto de apoyo que sería la brújula detrás de todos mis ensayos: la óptica de las entradas será siempre desde el supuesto de que somos una especie cuya voluntad de supervivencia se apoya esencialmente en la esperanza. En los humanos, la esperanza es a la vez pulmón y oxígeno de la existencia. Dante me entendería perfectamente. Él cuenta que sobre las puertas del Infierno cuelga la sentencia “Lasciate ogne speranza, voi ch’intrate” (Abandonad toda esperanza, vosotros los que entráis).

Un prontuario de ideas seminales para este blog

En los tiempos que nos tocan, nuestras esperanzas individuales quedan puestas en ese constructo de la modernidad que llamamos el “Futuro” (sí, con mayúscula). Esta noción no se refiere simplemente al flujo imperturbable del cronómetro. Para casi todos, exceptuando tal vez algunos monjes budistas, el futuro se refiere a escenarios, a veces muy concretos, que nos hacemos con nuestros deseos, hacia cuyo alcance aspiramos para cuando tengamos tal o cual edad, o cuando algunos eventos deseados se materialicen (“yo sé que, tarde que temprano, Margarita me amará. Lo siento hasta en mis huesos.”) Esas imágenes/escenarios se solidifican en nuestro presente: trabajamos, amamos, angustiamos, alegramos, desesperamos o no, todo por cuenta del Futuro allá guardado por nuestros deseos.

Por supuesto, el presente es lo que se siente palpable. El poder del “aquí y ahora” (A&A) es con frecuencia el motu de orientación de vida que dan muchos gurús a sus seguidores. En esa visión, el A&A es el verdadero asiento del significado que otorgamos al accidente de existir acarreando conciencia. No creo que sea un ejercicio vano, sino un intento más, en últimas siempre inacabado, de atajar el paso a nuestras expectativas, las fuentes últimas de nuestra infelicidad. Tenemos entonces una dualidad tirante entre presente y Futuro, cuyo contexto es el período del devenir de las sociedades en el cual nos encontramos. Cuando un banco me ofrece crédito, me está – literalmente – vendiendo Futuro. Cuando consumo una paella en un restaurante de moda, estoy pagando presente.

Progreso, crecimiento y consumo

Durante todo el período de la revolución industrial, la expresión política de la esperanza se ha hecho en términos sociales: la idea de Progreso y en términos puramente económicos: Crecimiento. Más que ideas, estos vocablos hoy son rótulos ideológicos. Todas las implicaciones de esa ideología deben portarlas en sus cabezas los individuos, quienes son la unidad primaria de la sociedad y se asume que actúan y deciden sus vidas de manera independiente, en busca de su felicidad personal. Estas son las mismas características, menos algunos ritos de devoción trascendente, que cumplen la casi totalidad de las religiones. En el período postrimero (eso creo) del estadio de la civilización que ahora vivimos, tanto progreso como crecimiento quedaron ligados a la idea de que los individuos alcanzan la felicidad accediendo al consumo de toda clase de bienes, mercancías y servicios. Consumo que sea cada vez más abundante y variado, y que además sea regularmente novedoso.

Comentario acerca del tono general de este blog

Según me parece, me encuentro dentro del grupo de pensadores que ve un fenómeno de convergencia de crisis, cada una a su paso, que parece alcanzarán su vórtice común durante esta década de los años 20. Hay tres grandes campos de crisis: medioambiental, incluyendo los efectos del cambio climático; el acceso a, y uso de, recursos primarios, en especial las fuentes de energía, y los movimientos de recomposición geopolítica, de los cuales un ejemplo es el reciente conflicto Ucrania-Rusia. Estos tres afluentes interactúan de maneras con frecuencia impredecibles, y con consecuencias calamitosas en miríadas de regiones en todo el globo. Infraestructuras internacionales instaladas, como las que habilitan el fenómeno de globalización comercial, financiera y cultural, tienden a acelerar o a retardar el paso de esas consecuencias. Sobre aquellos procesos y eventos que sean objeto de mi atención, este blog buscará siempre no tapar la realidad, en la medida que sea posible saberla, simplemente por buscar infundir un falso optimismo. Aquí, por fuera de reportar y describir situaciones y eventos, la aproximación es la de plantear problemas en busca de soluciones. Lo primero será producir reportajes que tengan contenido de información abundante y precisa. En mis opiniones y análisis mostraré claramente mi razonamiento, de modo que estos puedan ser sometidos a crítica por cualquier lector interesado competente. Igual de importante, mantendré una actitud escéptica frente a manifestaciones oficiales que me parezcan con poco fundamento (la gran mayoría) y someter a inquisición de preguntas cruzadas aquellas reacciones que me parezcan catastrofistas.

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